jueves, 8 de enero de 2009

"El entorno"

El entorno.
Alberto González Martínez.

El CBTis 88 se localiza en el sureste de la cabecera municipal de Tapachula, Chiapas, específicamente en el Fraccionamiento Los Laureles, el asentamiento humano más grande de esta ciudad, tanto por su extensión territorial como por su número de habitantes. Esta escuela fue fundada en 1972 e inició actividades en las instalaciones de la entonces Escuela Técnica Industrial y Comercial No. 21, hoy Escuela Secundaria Técnica No. 3. Hoy en día el CBTis 88 ocupa una extensión de casi cuatro hectáreas y cuenta con 18 aulas, 3 Centros de Cómputo, 1 Laboratorio de Química, 1 Laboratorio de Física, 1 Sala Audiovisual, 1 Salón de Idiomas, 1 Biblioteca, 1 Taller de Electricidad, 1 Taller de Mecánica, 1 Taller y 2 aulas para el Programa EBC (Educación Basada en Competencias), 1 Edificio Administrativo, 1 Campo de Fútbol, 2 canchas de básquetbol, 1 de voleibol y 1 cafetería. Cuenta con una población de 1220 estudiantes, distribuidos en 18 grupos del turno matutino y 12 del vespertino. Da cobijo, principalmente, a hijos de familias de escasos recursos económicos en las especialidades de Informática, Electricidad, Mecánica y Contabilidad.

El municipio de Tapachula se ubica a 32 kilómetros de la frontera con Guatemala. La ciudad del mismo nombre es la cabecera municipal y hacia el norte se localiza la zona rural alta, que desemboca en las montañas en que el cultivo principal es el café, mientras que hacia el sur se encuentra la zona rural baja que llega hasta las aguas del Océano Pacífico.

En la zona alta el clima favorece el cultivo de flores exóticas entre las que destacan las hawaianas, anturios y aves del paraíso, mismas que se exportan a Europa. La zona baja, dada su cercanía con el mar, es tierra fértil para la cosecha de diversas variedades de frutas tropicales entre las que sobresalen el mango Ataulfo, Manila y Petacón, mamey, chicozapote, cocos, papayas, melón, sandías, pepinos y rambután. También en la zona baja existe una empacadora de atún, una planta productora de cartón y sus derivados y varias fábricas de ladrillos, tabiques y bloques de concreto que surten a la industria de la construcción.

Sin embargo, ante el desplome de los precios de garantía, las actividades agrícolas han sufrido un creciente deterioro. Por esta razón, el comercio se ha convertido en la actividad emergente y cada día que pasa se suman centenares de familias al comercio informal. La tasa de desempleo se ha disparado en los tres últimos años y ello ha propiciado la migración de cientos de jefes de familia que siguen viendo a los Estados Unidos como una esperanza para mejorar sus condiciones de vida.

En cuanto a los servicios básicos, puede decirse que el total de nuestros estudiantes habita viviendas que cuentan con suministro de energía eléctrica aunque solo 85 de cada 100 dispone del servicio de agua potable que brinda el gobierno municipal. El transporte colectivo es un servicio con el que cuentan también todos los jóvenes pero 4 de cada 10 estudiantes no lo utiliza porque radican en las inmediaciones de nuestra escuela.

Los programas de salud sexual y reproductiva son responsabilidad del Programa Construye-T, de reciente creación, y aparecen también como parte de las actividades que desarrolla la Oficina de Orientación Educativa. Eventualmente, la Secretaría de Salud, de los tres niveles de gobierno, imparte conferencias y talleres sobre estos importantes temas. Aunque en nuestra escuela el embarazo de alguna joven estudiante fue un tabú durante muchos años, en los últimos años ni una sola deserción ha ocurrido por este motivo.

Y aunque, afortunadamente, no se tiene conocimiento de la existencia de violencia contra las jovencitas que cursan estudios en nuestro CBTis 88, en los tres últimos años 15 jóvenes abandonaron la escuela por su pertenencia a las bandas juveniles que, dada nuestra cercanía con la franja centroamericana, imitan las prácticas de la Mara Salvatrucha. Con todo y eso, puede decirse que los estudiantes, los maestros y los directivos del Plantel mantienen relaciones cordiales y respetuosas lo que garantiza un clima de armonía en la comunidad escolar.

Nuestros estudiantes lamentan tener poco acceso a los espacios culturales y de recreación que existen en la ciudad. Ocho de cada diez reconoce que solo cuenta con los espacios escolares tanto para la recreación como para la práctica de algún deporte y solo dos de cada diez aprovecha los servicios de cultura, recreación y deporte que ofrece el ayuntamiento municipal.

La inseguridad, como ocurre a lo largo y ancho de la geografía nacional, es uno de los grandes problemas que agobian a nuestro municipio. En los últimos años, los delitos vinculados con el narcotráfico y la delincuencia organizada se han incrementado aunque todavía no alcanzan las cifras que corresponden a los delitos menores relacionados con la delincuencia juvenil que copia esquemas foráneos.

En los últimos cinco años, la acumulación de basura en las calles y avenidas de la ciudad es cotidiana y los esfuerzos que realiza el Servicio Municipal de Recolección de Basura son insuficientes. La contaminación del aire, del suelo y de nuestros ríos, lagos y lagunas también es cosa de todos los días. Paralelamente, el uso indiscriminado e irresponsable de agroquímicos mantiene en serio peligro a diversas especies animales y vegetales. La tala inmoderada provocó, entre otras cosas, que en el año 2005 el huracán Stan arrasara una parte importante de nuestro municipio, provocando más pobreza de la que ya existía en las zonas cercanas a nuestros ríos.

Los datos enunciados en párrafos anteriores influyen, inevitablemente, en la vida de nuestros estudiantes. Las variables socioeconómicas juegan un papel determinante y la cada vez más alarmante escasez de empleos desalienta la asistencia de muchos jóvenes a las aulas. Sin visiones catastrofistas, estamos retornando al tiempo de nuestros abuelos: solo acudían a los centros escolares los que poseían recursos económicos; los demás tenían que aprender a ganarse el pan de cada día desde temprana edad.

Empero, no hay mal que por bien no venga. El análisis del contexto nos permite descubrir diversas situaciones susceptibles de ser modificadas y que, mediante proyectos viables, coadyuven en la formación integral de nuestros estudiantes que han tenido la buena o mala fortuna de vivir en tiempos cada día más adversos.

En este sentido, será pertinente trabajar conjuntamente con los docentes responsables de la asignatura optativa denominada “Formación de Emprendedores” para ir modificando, poquito a poco, la vieja cultura de la dependencia económica; tendremos que impulsar campañas permanentes para la preservación de nuestro hábitat, poniendo especial énfasis en el cuidado del agua así como el uso racional de la energía eléctrica y los recursos no renovables.

Día a día, tendremos que trabajar como un solo equipo para consolidar la convicción de que nuestra convivencia, en todos los ámbitos, exige respeto y tolerancia. Adicionalmente, tendremos que esforzarnos más por vincular a nuestros estudiantes con los servicios municipales para que puedan acceder a los espacios culturales, deportivos y recreativos disponibles.

Especial atención vamos a poner a los problemas relacionados con las bandas juveniles. Será preciso trabajar, arduamente, con los Tutores y Asesores de cada uno de los grupos para detectar, con toda oportunidad, los casos más críticos que requieran de atención inmediata. Por desgracia, un alto porcentaje de nuestros estudiantes provienen de familias desintegradas o de hogares en que uno de los padres padece alcoholismo. Cerca del 50% de nuestros jóvenes son hijos de madres solteras, lo que complica, todavía más, la situación escolar.

Por suerte, contamos con una gran fortaleza: el 92% de nuestros estudiantes utiliza la Internet como reservorio y espacio social mientras que el 8% no muestra interés por esta herramienta tecnológica. Nuestra mayor atención se centrará, justamente, en este segmento de jóvenes que se ha marginado voluntariamente.

No menos importante es saber que mis estudiantes admiten sostener una espléndida relación conmigo, caracterizada por el respeto, la tolerancia y la confianza mutua. Y aunque voy por más, mantengo la convicción de que un ambiente de este tipo siempre rinde excelentes frutos en nuestro quehacer docente. Luego de recorrer todos y cada uno de los salones de mi plantel, los servicios sanitarios, la cafetería, las áreas verdes, las canchas y campos de juego, los pasillos y las áreas de descanso, he aprendido que los jóvenes poseen un estilo peculiar para comunicarse. Lo más relevante de la investigación desarrollada durante la Semana 9 del Módulo 1 es contar con la información suficiente sobre la forma en que se comunican nuestros estudiantes. Toca ahora a nosotros capitalizar los códigos singulares que ellos utilizan a diario para adecuar nuestra práctica docente al nivel comunicativo que ellos poseen.

Este diagnóstico fue posible gracias a la espléndida ayuda de María Elena, mi esposa; de Vicky y Marce, mis hijas; de mis estudiantes de Probabilidad y Estadística de los grupos 5° E y 5° F; del personal del ayuntamiento municipal de las Secretarías de Desarrollo Económico, Servicios Públicos, Limpia, Seguridad Pública y del Colegio de la Frontera Sur.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Mi aventura de ser docente.

¡Cuánta razón le asiste a José Manuel Esteve al subrayar que actuar como maestros de humanidad debe ser nuestra máxima aspiración! Suscribo íntegramente su texto La aventura de ser maestro porque en unas cuantas cuartillas concentra los sentimientos más puros que deben siempre animar a un maestro comprometido con su tiempo, sus semejantes y su profesión.
No me son ajenas las angustias vividas en el primer tramo de la docencia. Aquellas épocas en que invertíamos tres horas para preparar una hora de clase y, ya frente a los alumnos, descubríamos, aterrados, que el discurso y los materiales preparados se nos agotaban en veinte o treinta minutos. Pero así fuimos haciendo camino al andar porque, cierto es, la docencia es una interminable batalla que nos va templando el carácter y nos anima a ser cada día mejores.
Y la vocación es determinante. Porque sentirse a gusto con lo que uno hace; hacerlo siempre con buena voluntad y con el genuino deseo de ser mejor cada día, es lo más grandioso que nos puede suceder. Hacer pensar y hacer sentir a los muchachos es la fórmula mágica que solo se encuentra cuando la vocación existe.
Porque me consta, porque lo he vivido a plenitud, en los foros de la primera semana yo escribí que entre el maestro y sus alumnos debe haber comunión, confianza y respeto. Porque el ejemplo es camino infalible para enseñar, el maestro debe saber ser amigo pero, por encima de todas las cosas, un guía que sepa imprimirle un alto sentido humano a su misión.
No son pocos los camaradas que en mi plantel critican mis esfuerzos permanentes por ir más allá del límite que la currícula impone. Presuponen que, por ser maestro de matemáticas, debo ser el malo de la película y no apartarme un milímetro del contenido del programa de estudios. Algunos lo han entendido, con el paso del tiempo; otros siguen pensando que soy un loco en un mundo de cuerdos. A todos, sin embargo, les he demostrado que nadie aprende en circunstancias hostiles y que debemos ser muy humanos porque a diario convivimos con seres humanos en formación.
Por eso entiendo la mística de Esteve: en la docencia, nada mejor que un maestro de humanidad. Para ser capaz de entender las travesuras de los jóvenes, sus dudas, sus miedos, sus sueños y sus fracasos, entre muchas otras cosas más. Y no solo la entiendo. La practico y me da resultados increíbles.
Así he logrado construir mi propia identidad. He crecido inmensamente como ser humano por ser maestro. Expreso, con absoluta libertad, mis ideas y los muchachos lo saben porque lo viven conmigo. No hay nada más satisfactorio que el ejercicio de la libertad de pensamiento. Y a eso los invito y, a veces, hasta los obligo. Porque vivir en libertad debe ser una norma de conducta, aderezada con los demás valores ahora tan devaluados.
Y aunque vivimos tiempos difíciles en esta Patria nuestra, lo he dicho en infinidad de ocasiones y ahora lo repito: ser maestro de bachillerato es motivo de orgullo verdadero. Por eso, cuantas veces me han preguntado a qué me dedicaría si pudiera regresar el tiempo, invariablemente he contestado que... ¡volvería a ser maestro!
Alberto González Martínez.
Mi confrontación con la docencia.

Mi encuentro con la docencia fue por demás afortunado. Estudiante de escasos recursos económicos, becario desde la educación primaria luego de haber ganado algunos concursos de aprovechamiento, tuve la suerte de cursar el bachillerato en el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos No. 21 de Tapachula, Chiapas, que hoy ha adoptado la denominación de CBTis 88.
En esta escuela, el primer director me invitó a participar en la impartición de cursos intersemestrales de regularización para que mis propios compañeros, y los de otros grupos, superaran algunas deficiencias en las asignaturas de Física y Matemáticas. Esta labor la inicié cuando cursaba el tercer semestre de bachillerato y duró mientras estuve inscrito en el nivel medio superior.
En julio de 1977, una oficina de la Presidencia de la República me notificó que tendría que trasladarme a la Ciudad de México para continuar mis estudios de nivel superior. Me indicaban que debía matricularme en la Universidad Autónoma de México o en el Instituto Politécnico Nacional. En caso contrario, mi beca sería suspendida. Lamentablemente, la precariedad económica me obligó a perder la beca pero, providencialmente, el director del CECyT 21 me propuso una especie de trueque: en lugar de la beca, 12 horas docentes que me permitirían continuar estudios universitarios sin abandonar la ciudad.
Así se comenzó a escribir mi historia docente en el nivel medio superior. Seis meses después de haber egresado, ya participaba al lado de quienes meses antes me habían dado clases en el bachillerato. Por eso reitero: mi encuentro con la docencia fue de lo más afortunado.
Algunos de mis maestros me ayudaron enormemente para que mi encuentro formal con la docencia fuera tersa y sin sobresaltos. Paralelamente, me inscribí en el Centro Regional de Enseñanza Técnica Industrial del Soconusco para estudiar Ingeniería Civil. Esta institución, descentralizada y con amplia influencia francesa, ofrecía una opción para estudiar, simultáneamente, la especialidad de Profesor de Enseñanza Técnica Industrial, lo que me cayó como anillo al dedo porque pude relacionar la teoría con la práctica de manera increíble.
En 1982, cuando concluí la licenciatura en Ingeniería Civil, ya había alcanzado las 42 horas, que en aquellos años se le otorgaban a los Profesores de Tiempo Completo. De esta forma, la docencia fue mi primer empleo y mi desempeño como ingeniero se mantuvo en segundo plano.
En ciertos momentos caí en la tentación de invertir las posiciones y dedicarme más a la ingeniería civil que a la docencia. Premiado como el mejor estudiante de mi generación, pronto gané celebridad como calculista en proyectos de ingeniería pero la corrupción me obligó a poner los pies en la tierra: si participaba en concursos de obra, en los tres niveles de gobierno me pedían -algunos, con toda discreción; otros, burdamente- el famosísimo diezmo para que las obras me fueran adjudicadas. Al no aceptar, las posibilidades de trabajo se esfumaban.
Tomé entonces la más grande decisión: mi actividad principal sería la docencia en el nivel medio superior y, en mis tiempos libres, participaría en proyectos de ingeniería civil al lado de dos de mis mejores amigos y socios.
Fue la más trascendente decisión que hasta hoy celebro. Creo, sin exagerar, que la docencia corre por mis venas porque disfruto intensamente mi trabajo en las aulas, mismo que he ido depurando con el paso de los años. Siento que no hay mejor servicio que yo pueda brindar a la comunidad en que vivo que el participar en la formación de los jóvenes que se inscriben en el CBTis 88, la escuela de mis amores que me dió la oportunidad de estar en los dos lados del mostrador: primero como estudiante y ahora como docente.
Innumerables son las satisfacciones que la docencia me ha brindado. Pero creo, sin exagerar, que no hay satisfacción más grande que observar el rostro feliz de aquellos jóvenes que aprenden para la vida y que admiten, en menor o mayor medida, nuestra cuota de esfuerzo y entusiasmo para alcanzar sus propósitos.
Entre las insatisfacciones y frustraciones, que por fortuna son menores en comparación con las grandes satisfacciones que no tienen precio, puedo anotar la falta de compromiso de las diversas autoridades educativas que solo se dedican a cuidar su chamba pero que poco o nada les importa la educación. Aquí en Chiapas lo vivimos en su máxima expresión: burros flautistas son los responsables de la educación en sus diversos niveles.
Alberto González Martínez.
Los saberes de mis estudiantes.
Alberto González Martínez.


Para elaborar un diagnóstico preliminar sobre los saberes que mis estudiantes poseen sobre el aprovechamiento de la Internet en sus actividades diarias, aplicamos una encuesta a 100 jóvenes de los que soy Facilitador en las asignaturas de Matemáticas. En esta muestra, 64 estudiantes están matriculados en la especialidad de Informática; 8 en Mecánica; 15 en Electricidad y 13 en Contabilidad. El mayor número de encuestados pertenece a la especialidad de Informática porque es la de mayor demanda en nuestro plantel y representa cerca del 50% de nuestra comunidad estudiantil.

Del total de encuestados, el 92% aprovecha la Internet para buscar información, descargar programas de entretenimiento, videos, música e imágenes mientras que el 8% restante no siente atracción por el uso de este recurso tecnológico y busca información en las fuentes tradicionales como libros, periódicos, revistas y folletos.

De los estudiantes consultados, el 88% utiliza la Internet para comunicarse, tanto en el chat como a través del correo electrónico; el 4% lo aprovecha para la compra-venta de artículos diversos y para obtener asistencia técnica y el 8% de los encuestados no utiliza esta herramienta por su condición socioeconómica y, quizá, por la especialidad que cursan actualmente en el bachillerato.

En conclusión, el 92% de los encuestados utiliza la Internet como reservorio y espacio social mientras que el 8% no muestra interés por esta herramienta tecnológica. Nuestra mayor atención se centrará, justamente, en este segmento de jóvenes que se ha marginado voluntariamente.

En estas circunstancias, diseñamos la siguiente estrategia para homogeneizar a mis estudiantes en cuanto al uso de la Internet: seleccionamos a los ocho estudiantes más aventajados, que actualmente están inscritos en el 5º Semestre de la especialidad de Informática, mismos que actuarán como Asesores Voluntarios durante el periodo inter semestral de enero 2009. Cada Asesor atenderá a un grupo de 25 compañeros, en sesiones de dos horas durante una semana. Esta jornada se denominará, a propuesta de los mismos muchachos, “Compartiendo la Internet” y se llevará a cabo del 26 al 30 de enero del año próximo en el Centro de Cómputo de nuestro Plantel. Los contenidos ya se están discutiendo con el grupo de ocho monitores voluntarios. Ellos están sumamente entusiasmados con esta actividad.